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Así es la otra Ibiza

He descubierto un destino muy especial que me ha sorprendido como pocos. Si me conoces, sabes que he recorrido la mitad de los países de nuestro planeta, y a veces podrías pensar que es difícil sorprenderme… ¡falso! Cuando rascas más allá de los clichés, cada lugar, desde tu propio pueblo hasta el más lejano, puede ofrecerte maravillas que no imaginabas y que te dejan boquiabierto.

Cuando puse rumbo a Ibiza, ¿qué comentarios tuve que escuchar? ¡Fiestón de islaaaa!, ¡¡a por marcha y un derroche de todo lo que quieras!! Esta isla hace gala de su fama mundial como destino de fiesta. Desde que llegas a ella, sobre todo si es temporada alta, respiras el ambiente festivo y alegre de millones de jóvenes -y no tan jóvenes- que allí acuden a dar rienda suelta a sus ganas de diversión más locas.

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Y me quedo con una verdad: encuentras lo que buscas. Sus discotecas sin duda se consideran “templos” en el mundo de la noche, pero Ibiza ¡con sus magníficos días! es mucho más.

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¿Qué buscaba yo? Como soy un tanto atípica, lo que quería una servidora era paz. Sí, sí, un destino saludable para cuerpo y mente, ¡y ya te digo que lo encontré!

Empecé visitando la parte antigua de Eivissa, Dalt Vila, con un encanto histórico que recuerda a Malta… pero no sigo por aquí ¡que las comparaciones son odiosas! Desde Dalt Vila puedes ver Formentera, la isla hermana de Ibiza y con la que conforma las Pitiusas, las islas recubiertas de pinos. En seguida me dí cuenta de que esta isla ara cogedora, y se ve que en ella las personas se cuidan mucho, tanto por fuera como por dentro.

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Mi día comenzaba sobre las 6 de la mañana, porque al ver su exuberante naturaleza de carácter tan amigable y su espectacular luz, no quise perderme la experiencia de contemplar el amanecer. Para eso, busqué el Este conduciendo hacia Santa Eulalia, y hallé unas preciosas vistas frente a la curiosa isla de Tagomago.

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En general todos recomendaban ver los atardeceres, ¡que deben ser de película!. Sin embargo, las tardes estaban nubladas, y tendré que regresar en otra ocasión para disfrutar de este espectáculo

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El reflejo del sol sobre el mar en Ibiza es simplemente mágico. Merece la pena despertarse a ver cómo esta luz se proyecta sobre las aguas cristalinas del Mediterráneo. Comenzar así la jornada, y concluirla con las bellas vistas desde el lado Oeste de la isla, es un lujo al alcance de todos. Además, el clima suave invita a desayunar o cenar disfrutando ante este escenario sin igual.

El deporte y la vida sana es parte vital de lo que esta isla te ofrece. Hay múltiples rutas para ir en bicicleta o hacer excursiones a pie. Sendas y caminos a través de extensiones cubiertas de pinos, olivos, vides te oxigenarán los pulmones. Disponer de tu propio vehículo en esta isla es muy buena idea. ¡Encontré algunos realmente chulos en la isla, como este!:

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Un coche de alquiler es práctico y asequible, aunque el encanto de pedalear y hacer ejercicio con la bicicleta recorriendo Ibiza, es también muy seductor. Tras una ruta ciclista, un baño en sus playas te sentará de miedo.

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El quad fue un gran aliado: consume muy poco y para las distancias de la isla es un medio de transporte muy práctico. Otro vehículo original y adecuado es el boogie, muy cómodos en la isla, ¡ya ves que puedes escoger tu propia aventura en Ibiza!

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Tras una agradable ruta visitando los viñedos de Sa Cova, y conociendo a la simpática familia de Juan Bonet que produce y exporta su propio vino, aparqué el ruido del motor y me entregué a la inmensa paz de la cala de Benirrás, donde conocí a Larah. Esta británica dice estar enamorada de Ibiza desde hace más de 20 años, ¡y no es de extrañar! Creo que en 20 minutos esta isla ya te seduce…

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Ibiza, si tú quieres, puede convertirse en todo un homenaje a tu salud. Es como concederse un regalo para el cuerpo y la mente, así lo sentí a través del yoga. Larah, envuelta en un mágico aroma a pino, te hace mirar hacia tí mismo, percatarte de los beneficios de la alimentación natural y la vida saludable. Toda ella irradia una luz especial, y te das cuenta de que mantener tu energía en equilibrio es vital para lidiar con el día a día y mantenerte alejado del estrés que acecha.

Este entorno ofrece también descanso, un marco incomparable con todos los elementos para re-conectar contigo mismo, para practicar ejercicios que te proporcionan bienestar y sacan la belleza que llevas dentro. Practicar yoga con Larah en la cala de Benirrás bajo el sol ibicenco fue muy reconfortante, ¡espero la próxima vez escuchar los consejos de su suave voz en inglés!

 

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Y de tanto mirar al mar… ¡lógicamente entran ganas de catarlo! La llamada de estas afables aguas, más limpias y turquesas que otras gracias al oxígeno que libera la posidonia, es un reclamo poderoso. ¿Qué deportes puedes practicar? ¡Montones! La temperatura es ideal para bañarse, así que la diversión te espera con divertidas actividades como el snorkel, el buceo, la navegación… El kayak y el Stand-Up-Paddle surf son muy buenas tentaciones por las que dejarse seducir.

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Con un buen instructor como Paulo, en sólo unos metros ¡a levantarse sobre la tabla! En seguida sientes que la dominas, y el remo te permite llevarla adonde quieras. Puedes pasear, hacer círculos, descubrir la costa desde este podio, en el que puedes incluso sentarte y dejar que el rítmico remar acompañe tus vistas. En la playa del Figueral, con Ibiza Kayak se disfruta de lo lindo de este original deporte.

Me quedé con las ganas de conquistar una experiencia súper-original: disfrutar del amanecer desde la tabla practicando Stand-Up-Paddle surf. Una de las propuestas más frescas es remar hacia el sol, y en medio del mar, Paulo te puede invitar a un café calentito mientras contemplas la salida del astro rey con el bello paisaje de Tagomago de fondo… ¡es un planazo!

Pronto te contaré más sobre Ibiza, ¡que tengas un gran día! 🙂

Fotos: Mónica Giménez

 

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One Comment

  1. Hola Ana.
    Comparto completamente lo que dices en los primeros párrafos.
    Tuve la suerte de vivir en Ibiza por un tiempo y, la primera vez que fui, me pasó lo mismo que a ti. Me sorprendió mucho y muy gratamente.
    Al igual que tú, los comentarios que escuchaba y lo que me echaba un poco atrás para irme, era lo del tema fiesta fiesta fiesta! y además, pensé que era una isla algo “desértica”, pero cuan equivocado estaba.
    Es un paraíso…mucha vegetación y toda la tranquilidad que quieras junto con un interior que conserva aun todo el encanto que hizo que tantos y tantos hippies de todas partes del mundo llegasen allí por los 60′ 70′.
    Y además si te apetece pues te das una fiestecita de vez en cuando. Todo va según preferencias. Las mías eran otras diferentes a esos increibles templos de la música. Pero claro, hay que conocerlos.

    Sobre los atardeceres, te diré que aunque los más conocidos (y realmente increibles) sean los de Sant Antoni, cuando tienes tiempo para perderte por todos los rincones de la isla, encuentras otros igualmente magníficos. Lo siento, el mejor lugar para mí, lo guardaré en secreto para poder disfrutarlo en solitario cuando vuelva jejeje (bueno, si quieres te lo cuento por lo bajini)

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