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Descubriendo Funchal, en Madeira

¿Á qué te suena Madeira? ¿Sabes dónde está? ¿A qué país pertenece? Confieso que acudí a un mapa para situar con exactitud esta peculiar isla portuguesa, cuando supe que iba a pasar allí una improvisada semana de vacaciones. Con una latitud privilegiada, Madeira es una particular isla que goza de una temperatura estival estable entre 20 y 30 grados centígrados ideal para pasar un tiempo de relax y disfrutar de su espectacular naturaleza.

Una curiosidad de Madeira es que, siendo una isla, sus costas son llamativamente escarpadas: acantilados de vertiginosa altura que hacen que la entrada al mar no sea desde playas sino con un caída en vertical de cientos de metros. Incluso goza el privilegio de tener el segundo acantilado más alto de Europa, donde, por cierto, hay un ascensor que te baja a un restaurante y huerto -¡con vacas!- en un delgadísimo saliente entre roca y mar. Es curioso imaginar el camino que han recorrido estos animales para llegar a pastar allí.

La escarpada costa de Madeira. Foto: Ana Fañanás
La escarpada costa de Madeira. Foto: Ana Fañanás

Nos alojamos en su capital, Funchal,  – en el Hotel Jardins D’Ajuda, un complejo turístico en el barrio de Ajuda, una zona residencial junto a uno de los centros comerciales mayores de Funchal, con toda clase de establecimientos de ocio y entretenimiento. El tipo de público que encontramos en la zona era, en general, bastante mayor por lo que el lugar es muy tranquilo. Además, tanto en este centro comercial como en las cafeterías y restaurantes del barrio se puede encontrar wifi fácilmente.

Jardins de Ajuda.
Jardins de Ajuda.

Este hotel, a diferencia de otros, tiene un servicio de transporte desde el hotel hasta el centro de Funchal cada hora prácticamente, y dura unos 20 minutos. En Funchal no puedes perderte el Mercado de los Labradores,  – un colorido edificio con los productos más típicos de Madeira, ricas frutas y verduras, artesanías, y que además tiene wifi gratis. Siendo un punto turístico, uno no se espera que los precios vayan a ser tan razonables, así que paseando por él puedes llevarte agradables sorpresas y encontrar gastronomía autóctona (fruta, pescado …) y regalos para llevar.

Uno de los coloridos puestos en el Mercado do Labradores.
Uno de los coloridos puestos en el Mercado do Labradores.

Al volver, muy cerca del puerto, tienes el teleférico hacia Monte. Subir en esta atracción tiene un coste de 15€ ida y vuelta. En pocos minutos (recuerda que la isla es muy escarpada) la subida es impresionante: asciendes más de 500 metros de altura en muy poca distancia,  y se puede ver todo Funchal desde arriba. La llegada es un mirador junto al parque “Monte Palace“,  un lugar romántico, idóneo para “parejitas”. Una enorme extensión de todo tipo de plantas de todo el mundo conviven con cierto aire asiático al son de la música de fondo de los lugareños. Sin duda, junto con los Jardines Reales, estos parques son puntos clave para las lunas de miel.

Jardin Botánico, Monte. Foto: Ana Fañanás
Monte Palace. Foto: Ana Fañanás

Tras recorrer los jardines, lo cual puede llevarte varias horas, puedes bajar por el teleférico de nuevo o usar el histórico y popular servicio de carros de cesto, una típica bancada de mimbre para 2 o 4 personas, impulsada y controlada cuesta abajo (incluidas buenas curvas) por experimentados madeirenses vestidos como es tradición, de blanco y con sombrero.

Carros de cesto. Foto: Ana Fañanás
Carros de cesto. Foto: Ana Fañanás
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